Como Ahorrar Agua del Jardín Facilmente

ahorrar agua en casa

Maximizar el Ahorro de Agua en el Patio o Zona Séptica


El uso eficaz de agua en zonas verdes y jardines es posible si realizamos una investigación anterior y diseñamos el jardín teniendo presente factores como el género de suelo, la frecuencia de lluvia y en función de esto escogemos las especies convenientes.

Antes de diseñar el jardín, hay que tener en cuenta el clima de la zona y las características ambientales del terreno del que disponemos: Es preciso dedicar un tiempo a estudiar cuáles son las zonas más húmedas y las más secas de nuestro jardín, de esta manera como las más soleadas y las más umbrosas, las zonas más expuestas al viento y las más resguardadas. Si efectuamos este reconocimiento del terreno, nos será realmente útil a la hora de diseñar el jardín, ya que nos dejará entre otras cosas:

• Adaptarnos a sus características: por poner un ejemplo, las zonas más radiantes (aquellas expuestas al sol de mediodía y al de la tarde) van a ser las más idóneas para las plantas que aprecian la luz y resisten mejor la sequedad;

• Realizar correcciones: por servirnos de un ejemplo, disponiendo barreras vegetales que sirvan de cortavientos o bien colocando árboles que proporcionen sombra en los puntos más radiantes.

Si nuestro terreno posee un buen suelo y un perfil suave, lo más conveniente es adaptarse a él tanto como sea posible para evitar deteriorar su estructura natural. No obstante, si tiene pendientes fuertes, puede resultar oportuno efectuar ciertas rectificaciones para prevenir la erosión y la pérdida de agua por escorrentía. Una alternativa consiste en realizar abancalamientos en las zonas de mayor pendiente, tal como muestra la figura 1.

Otro elemento esencial del jardín es su suelo. Debemos resaltar que una de las medidas más eficaces es escoger las especies vegetales que se adapten mejor a los condiciones del suelo (pH, textura, tipo de drenaje…) en vez de ir rectificando unas y otras.

Las características del suelo condicionarán las especies de plantas que resultan viables y asimismo influirán en el consumo de agua. En verdad, la velocidad a la que se infiltra el agua en el suelo, de esta forma como la capacidad que este tiene para retenerla dependen en buena medida de su textura, o sea, de la proporción de arenas (partículas que tienen entre 0,05 y dos mm de diámetro), limos (entre 0,002 y 0,05 mm) y arcillas (partículas menores de 0,002 mm) que contiene. En los suelos arcillosos (que son aquellos que contienen más de un cincuenta y cinco por ciento de arcillas) el agua penetra con dificultad y tiende a extenderse en superficie, generando encharcamientos y escorrentías. Al contrario, en los arenosos (con más del ochenta y cinco por cien de arenas) el agua penetra muy fácilmente y se pierde en el subsuelo, en tanto que la capacidad de retención de la humedad es bajísima. Por consiguiente, si bien por razones diferentes, ni los suelos muy arenosos ni los muy arcillosos son ideales para el jardín. Resultan considerablemente más adecuados los suelos denominados francos (con menos de un 25 por ciento de arcillas y proporciones similares de arenas y limos) o bien franco arcillosos.

Si el suelo del terreno que queremos ajardinar no tiene una mínima calidad, será necesario efectuar enmiendas o bien correcciones.

• A veces el terreno ha sido rellenado con restos procedentes de construcciones próximas. En un caso así hay que agregar una capa de suelo, retirando, si es necesario, parte de los materiales depositados previamente.

• Si el suelo es pobre en materia orgánica es muy recomendable añadirla, especialmente en las zonas dedicadas a flores o arbustos. De esta forma se mejora la capacidad del suelo para absorber y almacenar agua que va a estar libre para las plantas.

• Si el suelo es exageradamente arcilloso, resulta conveniente instalar un drenaje y aportar frecuentemente materia orgánica.

La selección de las especies que plantemos en el jardín va a condicionar, no solo la cantidad de agua consumida, sino también el mantenimiento que debamos realizar. Además de esto, determinadas plantas son singularmente exigentes en cuanto al aporte de nutrientes, plaguicidas, etcétera produciendo un elevado consumo de estos productos.

Teniendo en cuenta esta gran variabilidad, podemos orientar nuestra elección cara especies autóctonas, las que cuentan con la ventaja de que se encuentran totalmente adaptadas a las condiciones climáticas de la zona en la que vivimos.

La cantidad necesaria de riego va a disminuir de manera notable, puesto que su ciclo de crecimiento se regula en función de las peculiaridades meteorológicas de cada época del año.

Por otra parte, todas y cada una de las especies que medran en nuestro medio frecuente serán mucho menos sensibles a plagas o bien enfermedades, puesto que llevan mucho tiempo conviviendo con ellas y han desarrollado mecanismos de protección.

Sin ir más lejos, los árboles, arbustos y matas propios de la zona mediterránea son ampliamente apreciados en jardinería por su belleza y sus aromas, siendo especies que requieren poco riego y están adaptadas a aguantar periodos de sequía.

Uno de los tesoros de la jardinería mediterránea lo constituyen un conjunto de matas y arbustos genéricamente llamados aromáticas debido a su intensa olor. El romero, los tomillos, las salvias, el espliego y el cantueso son algunas de las especies de este grupo, cuya resistencia a la sequía es notable. En jardinería se emplean a menudo en composiciones mixtas, formando islas o arriates. Algunas especies, como el romero, también pueden emplearse para componer setos.

Los arbustos mediterráneos siempreverdes se han plantado en los jardines de toda Europa, apreciados por su lustre y parquedad. Podemos citar entre ellos el madroño, el durillo, las jaras y jaguarzos (como la jara blanca, la estepa o bien la jara pringosa), o bien el lentisco.

Entre los árboles hay también especies que han encontrado lugar en los mejores jardines, como los almeces, los laureles, los olivos, las higueras…

¿Cuáles y dónde?


Puedes localizar gran cantidad de especies autóctonas en la mayor parte de los viveros de tu región, con lo que te recomendamos que consultes con los vendedores que te atiendan en tu punto de compra frecuente. Ellos te podrán apuntar las plantas más convenientes.

Algunos consejos para elegir las plantas:

• Conocer la vegetación de los espacios naturales y los terrenos incultos de nuestra región. Se trata de un buen procedimiento para descubrir plantas autóctonas que pueden darse bien en nuestro jardín.

• Seleccionar teniendo presente la función que cada especie tendrá en el jardín. ¿Queremos crear una zona de sombra espesa? ¿Queremos crear una pantalla verde para crear un rincón con intimidad? ¿Necesitamos supervisar la erosión en un pequeño talud? En el momento de seleccionar hay que valorar las aptitudes de las distintas especies para jugar el papel que le hemos reservado en nuestro jardín.

• Escoger conjuntos de especies con requerimientos similares. Las especies que deban compartir un mismo espacio deberán tener requerimientos (de luz, agua, etc.) similares.